Papa Francisco: “¿Quién soy yo para juzgar a un gay?”

Papa entrevista avionSe escribe mucho del lobby gay. Todavía no me encontré con ninguno que me dé el carnet de identidad en el Vaticano donde lo diga. Dicen que los hay. Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy linda esto. Dice que no se deben marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. Debemos ser hermanos. El problema es hacer un lobby.

Fuente: lanacion.com  Por cortesía de mi amigo y hermano Wirkal.

Nota dezpierta: Una vez más, Bergoglio muestra su cara más tolerante y abierta. El amigo de los niños, y ahora de los gays, no da puntada sin hilo, no desaprovecha una sola oportunidad para demostrar al mundo que es la persona idónea para liderar el cambio de rumbo hacia el nuevo modelo religioso, económico, político y social que conforman el Nuevo Orden Mundial.

Pero ¿dice la Biblia que las tendencias homosexuales no son un problema? En realidad, el problema no es la tendencia hacia un pecado determinado, pues todos tenemos tendencia hacia uno u otro pecado, el problema es ceder a esa tendencia y convertirlo en acto.

Es cierto que Dios condena las conductas, pero no las tendencias, porque entonces todos estaríamos condenados (hasta Jesús, que la resistió con la ayuda del Espíritu Santo).

Pero lo que hace el papa Francisco es meterse en el bolsillo (una vez más) al mundo mostrándose tolerante hacia los gays. Sus argumentos son más profundos, pero si nos quedamos en la superficie, lo que se entiende es: El Papa Francisco dice que hay que respetar, acoger y tolerar a los homosexuales. Y eso sí va en contra de las enseñanzas bíblicas.

No nos debe quedar duda de que Dios ama a todos. También a los homosexuales. Pero odia toda conducta aberrante como la mentira, el robo, el adulterio, la pornografía o la homosexualidad.

Si amamos a Dios, Él obrará el cambio en nosotros y podremos dejar atrás aquello que nos tentaba y podremos ser hijos del Rey del universo.

Que Él os bendiga.