Cuando fumar era bueno

En plena era de guerra contra el tabaco, echamos la vista atrás y vemos que desde los años 20 hasta casi los 60, fumar, además de elegante, era beneficioso para la salud, y era recomendado por famosos, médicos e incluso papa Noel, ¿Quién podía negarse a encender un pitillo?.

La biblioteca pública de Nueva York he realizado una exposición de carteles publicitarios de entre los años 1927 y 1954, donde actores, médicos, y dentistas, alababan las cualidades del cigarrillo para la salud, además de ser bueno para calmar la ansiedad, bajar peso y dar energía. Estos carteles se insertaban en las revistas de mayor tirada de la época.

Las tabacaleras gastaban millones de dólares  pagando a actores famosos y  a productoras de cine para que  los actores salieran en la película fumando (aunque algunos no fueran fumadores), y era normal que grandes compañías como la Paramount o la Warner se asociaran con empresas tabacaleras como Lucky Strike o Chesterfield.

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Pero mas curiosas son estas; por ejemplo, 20.679 psiquiatras recomendaban el tabaco para relajarse.

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Estos doctores recomiendan fumar Camel, mejor que otra marca.

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Incluso los dentistas recomendaban fumar una determinada marca.

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Hasta Papá Noel lo recomendaba.

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Nota dezpierta: ¿Por qué publico este curioso artículo? Lo hago con la clara intención de mostrar que, aunque todo el mundo, toda la sociedad, la mayoría los responsables sanitarios y papá noel, digan que algo es bueno, no quiere decir que lo sea.

Andamos inmersos en una lucha constante entre lo que creemos que debemos hacer y lo que la sociedad, las autoridades y la televisión nos dicen que hagamos.

Estudios de gran peso científico dicen que los transgénicos son 100% seguros, el 99% de los médicos recomiendan encarecidamente que vacunemos a nuestros hijos (incluso algunos gobiernos obligan a ello), miles de fabricantes utilizaron los ftalatos y el Bisfenol A para la fabricación de todo tipo de productos relacionados con la alimentación (incluidos los productos para bebés), los médicos recomendaban talidomida a las madres gestantes para paliar las dichosas angustias relacionadas con el embarazo… y un largo etcétera.

Millones de productos han sido comercializados, avalados por los estudios científicos más contundentes para después comprobar que su utilización o consumo era gravemente perjudicial para la salud.

La Talidomida es uno de los casos más flagrantes porque los efectos se comprobaron a muy corto plazo. Muchas de las embarazadas que consumían este inocuo medicamento daban a luz hijos deformes, con ausencia de una o más extremidades. Hoy se juzga a las farmacéuticas que hace más de 40 años enfermaron a medio mundo con este veneno.

Pero ¿qué ocurre con aquellos productos, alimentos o medicamentos que no muestran sus efectos a tan corto plazo y de una forma tan contundente?, ¿podemos demostrar que los transgénicos causan cáncer? o ¿que las vacunas producen alergias, parálisis, autismo y muertes súbitas entre otros muchos efectos secundarios? ¿Qué debe ocurrir para que todos reconozcan, como en el caso del tabaco, que un determinado producto es malo para la salud?

Sin lugar a dudas, el motor principal para que un producto, perjudicial o no, permanezca siendo comercializado es su rentabilidad.

Por ejemplo, si sus efectos secundarios graves afectan a 1 de cada 100.000, los ingresos por la venta superarán los gastos por las posibles indemnizaciones que habrá que pagar. Y si a esto sumamos que el consumidor conocía los posibles efectos adversos y aún así ha comprado el producto, el negocio es redondo.

También debemos tener en cuenta los gastos sanitarios que ese producto puede llegar a generar al gobierno de turno, que tendrá que hacer malabares para seguir sacando dinero de los impuestos aplicados a ese producto y pagar al mismo tiempo los gastos médicos qué éste genere en los consumidores. Si los gastos son superiores a los ingresos, ese gobierno se proclamará en contra de ese producto.

Pero si además, es prácticamente imposible determinar que unos determinados daños son por causa del producto en cuestión, entonces la industria tendrá las espaldas cubiertas para seguir diseminando el veneno mientras se enriquece.

En el caso de las vacunas, pueden haber más intereses que los puramente económicos. He aquí una charla en la que Bill Gates, el vacunador del tercer mundo, reconoce que las vacunas tienen como objetivo reducir la población mundial.

Así que para llevar a cabo una campaña de acreditación de la vacunación es necesario que todos (o la mayoría) crean que los beneficios son mucho más importantes y ventajosos que los perjuicios (o efectos secundarios).

¿Cómo se hace esto? Primeramente financiando estudios científicos y estadísticos a favor de la vacunación que serán enseñados en las universidades al personal sanitario que lo aprenderá como si de un mantra se tratase. Decir lo contrario es estúpido y no tiene base científica sólida.

¿En qué basa la industria farmacéutica para defender la necesidad de una población mundial vacunada? En las afirmaciones de Pasteur, el padre de la microbiología.

Pasteur era el prototipo de persona convincente, vendedor, con amistades en el campo de la política y de la alta sociedad de la época. Lamentablemente para todos la medicina convencional siguió las directrices de sus primeras hipótesis.

Pasteur sostenía que:

  1. Que todos los micro-organismos, sin importar su tipo o especie , eran inmutables.
  2. Que cada tipo de bacteria produciría un tipo especifico de enfermedad.
  3. Que esa bacteria u hongo no puede aparecer espontáneamente.
  4. Que bajo condiciones saludables la sangre y los tejidos son estériles.
  5. Que las enfermedades tenían origen en una bacteria exógena.

El biólogo francés Claude Bechamp entró al debate y dejó una frase célebre que decía :” el microbio no es nada, el terreno lo es todo”.

Si los germenes son invasores externos que atacan el cuerpo, entonces lo que hay que hacer es desarrollar una innumerable cantidad de armas (drogas) antigérmenes para destruirlos. Las teorías de los gérmenes de Pasteur dió nacimiento a la era de los antibióticos y la gran industria farmacéutica.

Pero si el mundo en ese momento hubiese adoptado las teorías de Bechamp y los siguientes trabajos de Brewer, Otto Warburg, Linus Pauling etc., hoy sería de conocimiento público que los síntomas de enfemedades se pueden revertir y prevenir restaurando los nutrientes a nivel celular y equlibrando el PH del terreno biológico.

Hoy se sabe que el propio Pasteur lo reconoció en su lecho de muerte diciendo:” Antoine tenía razón, el microbio no es nada, el terreno lo es todo “.

Por tanto, existen miles de valientes que mediante el pensamiento crítico y la experimentación científica sin contaminaciones empresariales y económicas están demostrando que toda la parafernalia vacunacional no es más que una estrategia de marketing basada en una teoría que fue desmentida por su autor en su lecho de muerte.

Las estadísticas pro-vacunación aprovechan momentos históricos de recesión de las distintas enfermedades para atribuirle el mérito a las campañas de vacunación, cuando se puede comprobar que en los lugares donde no hubo ese tipo de campañas, el descenso de las infecciones fue similar.

En definitiva, vivimos en una guerra de información y desinformación constante. La humanidad ha llegado hasta el siglo XXI después de miles de años sin vacunas y es ahora cuando nos dicen poco menos que sin vacunas no podríamos sobrevivir. Cualquier padre se encuentra en la encrucijada de si vacunar o no a sus hijos, con las presiones médicas por una lado y las sociales y familiares por otro. Pensemos por nosotros mismos y actuemos en conciencia a pesar de las presiones.

Os dejo un par de vídeos muy recomendables para que podáis aportar más información a vuestra pensamiento crítico.

Que Dios os bendiga.

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